domingo, 29 de enero de 2017

¡NADA!... ¡NO HABÍA NADA!


¡NADA, NO HABÍA NADA! 

¡Era real! 
Dormía plácidamente una noche de primavera-verano siendo adolescente. Algo interrumpió bruscamente mi sueño, ¡no lo podía creer! un rugido intenso erizó todo el bello de mi cuerpo, indicándome así, el peligro que corría ante el animal que acechaba a los pies de mi cama. 

¿Qué es esto? me preguntaba, ¿cómo es posible? seguía interrogándome. Toda mi persona sucumbió ante el terror que sentía, incluso interrumpí mi respiración para así poder oír y procesar mejor lo que estaba ocurriendo. 

Debatí intensamente qué hacer. Estaba segura de que era real y además no tenía duda de que estaba completamente despierta, aún así, seguía haciéndome la misma pregunta una y otra vez: 
¿Qué es esto? ¿cómo es posible?


Después de nadar en un mar de angustia, decidí que debía arriesgarme y averiguar más, no debía seguir paralizada, así que salí de la cama para encender la luz y mi sorpresa fue mucho mayor... 
¡Nada!... ¡No había nada!

"El que vive bajo la sombra protectora
del Altísimo y Todopoderoso,
dice al Señor:Tú eres mi refugio,
mi castillo, ¡mi Dios, en quien confío!
Pues te cubrirá con sus alas,
y bajo ellas estarás seguro.
¡Su fidelidad te protegerá como un escudo!
No tengas miedo a los peligros nocturnos,"
(Salmo 91:1,4,5 )

Queridos amigos, buenos días, tardes, noches: 
espero que este relato os haya gustado, está basado en un hecho completamente real y tiene su explicación.

Eran gatos en el tejado de mi casa. La ventana de mi dormitorio daba a la parte baja de ese tejado. 
Al ser despertada bruscamente por los maullidos, confundí considerablemente la realidad y viví una escena de terror inigualable.

Os doy las gracias una vez más por leerme y no olvidéis darme un me gusta y compartir 
chaooo y hasta pronto

María Soraya